Un lema que refleja a la perfección su filosofía: mientras el mundo gira en un torbellino de distracciones, ellos permanecen inmóviles, anclados en la fe y la introspección. Su vida era un meticuloso equilibrio entre la soledad y la vida en comunidad. Cada monje vivía en su propia celda, una pequeña
casa con un
jardín privado, donde oraban, meditaban y trabajaban.