La huella humanizada: Cuando el silencio se encuentra con el
arte. El vínculo más conocido entre la Cartuja y el mundo exterior se produjo en 1835, cuando la Desamortización de Mendizábal forzó a los monjes a abandonar el
monasterio. Fue entonces cuando las celdas, que antes solo habían albergado el silencio de la oración, se abrieron al público y se convirtieron en un
refugio para artistas y pensadores.