Las
cuevas fueron descubiertas por primera vez en 1338 por un grupo de monjes que se aventuraron en su interior. Sin embargo, no fue hasta el siglo XIX cuando empezaron a explorarse sistemáticamente. Uno de los nombres más importantes asociados a estas cuevas es el del espeleólogo francés Eduardo Martel. A principios del siglo XX, Martel se encargó de explorar y cartografiar el Drach, revelando no sólo su belleza natural, sino también sus características geológicas únicas.