Tal es su grandiosidad que hasta el mismísimo Julio Verne las nombró en su novela Los viajes de Clovis Dardentor y cuenta con uno de los
lagos subterráneos más grandes del mundo, el
lago Martel. Estar en
Mallorca significa que obligatoriamente hay que visitar las
Cuevas del Drach y contemplar la espectacularidad de cada una de sus salas.