Una maravilla natural, cuya belleza y encanto han merecido los más encendidos, y nunca excesivamente ponderados, elogios. Alguien dejó escrito hace años, signado con las iniciales C. S. J., que “es difícil hablar de las
cuevas del Drach sin caer en los tópicos de los folletos turísticos, que incluyen normalmente fabulosas descripciones realizadas por ilustres visitantes en los tiempos en que
Mallorca era la perla del Mediterráneo.