Ya en la Edad Media se conocían y eran nombradas en varios manuscritos, concretamente del siglo XIV. Aun así, fueron exploradas con mayor interés en el siglo XIX, durante los años 1880 y 1896. En el siglo XIX era tal el interés y la curiosidad que producían las
cuevas, que Julio Verne, el gran escritor de aventuras, las nombró en una de sus novelas.