Mi visita a las
Cuevas del Drach fue una experiencia inolvidable. Al descender, el aire se volvió fresco y húmedo, y un mundo subterráneo de asombrosa belleza se abrió ante mí. No son simples
grutas; es un reino de formaciones calcáreas donde la paciencia del
agua y el tiempo ha esculpido
columnas, draperies y estalactitas que se reflejan en
lagos de una tranquilidad absoluta.