Fue fundada entre 1115 y 1120 por caballeros franceses con el propósito de proteger las vidas de los cristianos que peregrinaban a Jerusalén después de su conquista. El creciente poder de los Templarios, que empleaban como distintivo un
manto blanco y una
cruz paté de
color rojo, despertó fuertes recelos y fue precisamente el origen de su forzada disolución por orden del Papa Clemente V en 1312.