La posesión ha sido históricamente la pieza clave de la economía de la parte agrícola y ganadera tradicional de la isla de
Mallorca, una verdadera unidad de producción. Estas posesiones se han ido adaptando funcionalmente al paso de los siglos, y en nuestro caso, su necesidad defensiva, ha producido un modelo constructivo con un fuerte carácter fortificado.