Durante el siglo XVI la defensa y guardia del
castillo recayeron sobre los gabellins hasta que, por sentencia del gobernador, a partir de 1375, la guardia fue compartida por los habitantes de
Capdepera y un número de
Artà. A pesar de la insistencia del gobernador, los gabellins preferían vivir en el
pueblo a pesar de que de
noche tuvieran que trasladarse al castillo.