¿No era precisamente la conquista de Jaume la que había iniciado otra vez la expansión de la cultura cristiana aquí en esta región fronteriza con el mundo musulmán? ¿No fue también para su protección por lo que nuestra Madre de Dios tallada en estilo
románico – una de las más antiguas de la isla – llegó por primera vez a la región, tras Bellpuig, bajo el cuidado de los Premonstratenses, antes de que a principios del siglo XVI – por tanto hace ahora quinientos años – encontrase su hogar en Sant Salvador? ¿Tendrá sentido después de todo, también para nosotros europeos en el mundo globalizado del mañana, la idea de una Madre de Dios activa, de una cristiandad capaz de defenderse?...