Es posible que la seriedad solemne de la situación, amplificada por la magia del lugar y el sonido inusual del catalán, provocase esta vez en Figaro un inesperado ánimo pensativo. Así que debía estar pensando aquí y ahora en Jaume I, cuya conquista de la isla en el año 1229 está representada en una pintura que cuelga de un sitio prominente en la
iglesia de la peregrinación, como la entrega de poder de manos de los musulmanes. Ya se había quedado antes a menudo absorto en sus pensamientos ante el gesto triunfal de esta imagen...