Siempre bella y seductora, la península de
Artà se muestra como un pequeño paraíso aparte, con un carácter propio y un encanto realmente singular. Su ubicación, a 70 kilómetros de Palma, en la costa noreste de la isla, la ha mantenido en parte apartada del turismo masivo, protegida además por un terreno accidentado y unas costas agrestes que sin duda conquistan a todo aquél que se aventura a visitarlas.