Muestra de forma perfecta la esencia arquitectónica y el estilo de vida relajado de este
pueblo del interior de la isla.
Arquitectura tradicional ibicenca: El
edificio destaca por sus paredes encaladas en
color blanco limpio, combinadas con los icónicos marcos pintados en tonos ocres y amarillos alrededor de las
ventanas y
puertas, un estilo cromático muy representativo de la
plaza del pueblo y de su
iglesia.
Balcones y contraventanas: Dispone de ventanas y puertas de madera oscura protegidas por contraventanas (mallorquinas), además de pequeños balcones con barandillas de hierro forjado negro adornados con macetas. Es una estampa muy representativa del ambiente bohemio, cuidado y tranquilo que define a
Santa Gertrudis.