Este diseño no solo tenía una función litúrgica y estética, sino que ayudaba a preservar el
agua sagrada limpia y a resguardar la
pila en una isla que históricamente construía sus
iglesias con un fuerte carácter defensivo y de protección comunitaria. En la gran mayoría de las iglesias católicas, las
pilas bautismales son copas de
piedra o mármol totalmente descubiertas y expuestas en una
capilla o cerca de la entrada. Sin embargo, la de
Santa Gertrudis destaca por incorporar un mueble de protección de madera (conocido en
arte sacro como armario baptisterio o cubierta cupulada), diseñado a medida para encajar sobre la base y cerrar el cuenco de piedra. Se construían así principalmente por tres motivos tradicionales.