El templo original data de los siglos XIV y XV, pero esta
capilla lateral fue añadida posteriormente, alrededor del año 1690. Pinturas murales de dos
colores: Las paredes y los
arcos están decorados con espectaculares frescos de trazo negro sobre fondo blanco. Presentan intrincados motivos florales, vegetales y geométricos de clara influencia barroca popular. Inscripciones históricas: En las cartelas pintadas de la
bóveda se conservan los nombres de las personas relevantes de la época que hicieron posible la obra, como el párroco del momento (Bartomeu Orvai) y los obreros del
pueblo. Imagen del Crucificado: Al fondo de la pequeña nave se observa una
hornacina que cobija una figura tallada de Jesucristo en la
cruz. Estas pinturas se mantuvieron ocultas durante mucho tiempo bajo capas de cal y fueron redescubiertas y recuperadas durante unos trabajos de restauración acometidos a finales del siglo XX, convirtiendo a esta
iglesia en una joya única del patrimonio ibicenco, ya que la mayoría de los templos de la isla destacan por la desnudez blanca de sus muros.