Salinas comienza a tener entidad como población a mediados del siglo XIX con la llegada a Arnao de la Real Compañía Asturiana de
Minas (RCAM). La tranquila localidad marítima comenzó a ser lugar de residencia de los empleados de mayor rango de la empresa, que construyó chalés para ellos. Para entonces la
mar ya se había retirado del Peñón de Raíces y Salinas comenzaba a descubrir el turismo y a convertirse en una zona de vacaciones de la burguesía de Oviedo, que promovió la construcción del Real Club Náutico, abierto en 1916 bajo la presidencia de Manuel Álvarez-Buylla.