En el siglo X, el avance de la Reconquista conllevó el traslado de la capital a
León, haciendo perder a la ciudad parte de su importancia. Sin embargo, gracias a su contacto con la corte de Carlomagno, comenzó a fluir desde el reino de este un
río de peregrinos que entraban por los Pirineos y por el norte iban hasta
Oviedo y desde ahí hacia Santiago, con lo cual el
camino norte es la ruta más antigua de los peregrinos a Santiago de Compostela.