Los vecinos del
puerto, 160 aproximadamente, sufragaron la mayor parte de los más de 3.000 ducados que costó este templo, dedicado a
San Pedro, patrono de los marineros y de la villa. La obra dio comienzo en torno a 1553; hizo de aparejador Pedro de Horna, vecino de
Pravia, siguiendo los planos de Juan Cerecedo, el Viejo, maestro de obras de la
Catedral ovetense, a quien el encargo le vino del Gremio de Mareantes de la capital municipal.