BELEÑO (Asturias)

BELEÑO: Desde mi rincon --- relatos de Verano...

Desde mi rincon --- relatos de Verano
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Amigos y paisanos de San Juan de Beleño, os deseo buen Verano, ya es Agosto.
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(UN HOMENAJE A UNA VACA LECHERA, QUE TENDRÍA
OCHENTAY TRES AÑOS
------------------------------ ---------------------El CHarlatán del Ferrocarril---------
Desde luego tengo que confesar, que cuando escribí este relato, ya había leído
"El Pricipito" y me había sosegado, con la novela de Herman Hesse" Peter Comenzind"
y digo sosegado, quizá transportado más allá de mis montañas.
Mi mente pensaba a menudo en aquella brava lucha con la naturaleza.
Recuerdo con amor aquella infancia, y la valentía de mi madre por arrancarnos del terruño.
Por aquél tiempo mamá me decía que era un charlatán, y creo que hasta tenía razón
Más yo debo de dar de una explicación, al menos a las personas mayores, pues los más pequeños no las necesitan. Los pequeños cuando reciben una alegría, sienten la necesidad de comunicársela a los demás.
Por eso y nada más que por eso mi madre me llamaba charlatán (o sea que hablaba mucho).
¡Siempre recuerdo con ilusión mi llegada a la ciudad!
Yo era como otro " Comenzind", siempre soñaba con mis montañas y mis ríos, pero siempre se me antojaba ver lo que había detrás de ellos.
Así que cuando mamá tomó la decisión de venderlo todo y seguir los pasos de mi padre, que hacía un año que estaba en la ciudad, el primero que dió la campanada en el pueblo fui yo.
Desde luego fue de gran emoción, y tengo que rendirme ante las palabras de mi pobre madre, que cuando la vida se le puso dura, decía” Lo que sea de uno será de todos.•
Veo a mis paisanos, regateando una peseta, para llevarse todo lo que merecía la pena, y me acuerdo como se le llenaron los ojos de lágrimas a mamá, cuando se llevaron la máquina de coser, que era con la que nos hacía toda la ropa.
Y no. digamos cuando vino aquel tratante y se llevo la vaca, sobre todo yo, que por coincidencia había nacido la misma noche que la " Pinta", o sea, que mi madre estaba de parto, y tabique por medio también " La Galana".
Así que la vaca estaba en su mejor momento, terminaba de cumplir los cinco años.
Pero todo estaba decidido había que partir mañana.
Me despedí de Charito la del Chigre, y fui a recordarle al tío Jacinto que no se olvidara
llevarme en su caballo, hasta donde pasa el autocar, pues así me lo había prometido.
¡Aquella noche me despedí de los árboles, del río y de la plaza!
¡Las montañas vieron mi contento, y vieron como amorosamente las saludaba!
Me habían dicho que en la ciudad que las casas eran de cristales de colores, y yo me imaginaba que nunca más volvería a tener miedo, pues a través de la ventana vería siempre a mamá y a los demás, cuando se quedan en la cocina y me mandan a dormir, y sólo por que soy pequeño o porque quieren hablar de algo que no conviene que yo escuche.
Todos lloramos al partir, y mis paisanos también, (claro que ellos era porque se quedaban). El que más lloró desde luego fue mi tío Jacinto.
¡Siempre he estado orgulloso de tener un tío así!
¡Además que todos no han tenido un tío que tuviese un caballo tordo!
En el caballo fuimos bien, pues mi tío entre beso y beso me hizo prometerle que cuando aprendiese a escribir, le tenía que contar como son esas casas de cristales de colores, pues él tampoco las conocía.
Luego llegó el autocar y montamos, y tanto mis hermanos como yo, devolvimos lo que habíamos desayunado.
Recuerdo que algunos nos decían: ya veréis " En el tren se va mejor", y recuerdo también que mi madre, todo lo que sabía decirme …
¡Tienes que dormir antes que venga el revisor!
¡! Dormir yo! ¡Que tanto había soñado, con saltar aquellas montañas y ver las casas de cristal o tantas fuentes luminosas!
Veía los árboles que se movían, y le dije a mamá: ¿Es qué los árboles se vienen con nosotros?
Miraba como en los ríos se reflejaba la luna, y le decía a mi madre:
¿Este es el río del pueblo que va camino del mar?
Y mamá me sonreía …- no hijo, no - Este es otro río.
Pero yo seguía pensando que no había más río que mi río, ni árboles más que mis castaños y mis robles.
¿Allá en la ciudad habrá sólo casas de cristal y fuentes luminosas, o habrá también árboles y ríos?.
Tantas y tantas cosas pasaron por mi vista, y yo constantemente preguntaba.
Pero la mayoría de las veces, todo lo que tenía por respuesta, era: ¡Cállate niño que viene el revisor!
¡Con lo alegre que tiene que ser viajar en los trenes y poder hablar con los otros viajeros, y saber por ellos, cual es la parte más bonita del mundo!.
Y ahora si me lo permitís, os voy a describir como era el revisor.
Era un hombre alto con uniforme azul y galones de oro. Y con mucha cortesía iba pidiendo unos cartones a toda la gente, y les hacía unos agujeros -
- Cosa que no me pareció un oficio muy flamante -
¡Pero que sabía yo de los oficios de los hombres!
¡Pero que sabía yo de las cosas que pasan en las ciudades!
- Cuando llegó a nosotros, me miró y preguntó: ¿Este niño, cuantos años tiene?
Mi madre me apretó con más fuerza que nunca.
Creo que aquel día me hizo más pequeño. Luego dijo…Tiene cuatro.
- Yo entre sus brazos me reía: ¿Y cómo puede ser que yo tenga cuatro, si la vaca tiene cinco?.
si estoy cansado de oírles decir que nacimos la misma noche.
¡Desde luego las personas mayores son rarillas, y a veces dicen mentiras!
Por eso no pude resistirlo, y no me importó que me siguieran llamando charlatán, y dije…
¿Pero no es verdad mamá, que usted me dijo que ya tenía cinco años?

Y no quise nombrar lo de la vaca, por miedo a que pensaran que era un resabiado.
El revisor hizo pagar medio billete, y a mamá se le subieron los colores.

Pero luego ya pude charlar tranquilamente toda la noche.

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Manuel de Viegu

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