En aquella época de frecuentes enfrentamientos con ingleses y franceses, el
castillo de
San Juan de Nieva fue atacado repetidas veces por corsarios de estas nacionalidades. Personalidades como Bances Candamo y Carreño
Miranda destacan en el panorama cultural de la época. Francisco Antonio de Bances y López-Candamo fue un escritor y dramaturgo castellano del Siglo de Oro tardío. Juan Carreño de Miranda fue un pintor barroco español. Llamado por Miguel de Unamuno pintor de la «austriaca decadencia de
España», a partir de 1671 ocupó el puesto de pintor de cámara de Carlos II. Pintó entre 1658 y 1671, en estrecha colaboración con Francisco Rizi, grandes telas de
altar al óleo y, al fresco o al temple, los techos de algunos
salones del viejo Alcázar de
Madrid, los del camarín de la
Virgen del Sagrario de la
catedral de
Toledo y los de varias
iglesias madrileñas, de los que únicamente subsisten, parcialmente, los trabajos realizados en la catedral toledana y las pinturas de la
cúpula elíptica de la
iglesia de San Antonio de los Alemanes. Como retratista de la corte fue continuador del tipo de retrato velazqueño, con su misma sobriedad y carencia de artificio pero empleando una técnica de pincelada más suelta y pastosa que la utilizada por el maestro sevillano, sin que falten, en especial en los retratos masculinos, las influencias de Anton van Dyck, como corresponde a una fecha más avanzada. A esta etapa final de su carrera pertenecen los retratos —a los que se liga gran parte de su fama— de Carlos II y de su madre la reina viuda Mariana de
Austria, del embajador de Rusia, Piotr Ivanovich Potemkin, de Eugenia Martínez Vallejo, vestida y desnuda, y del bufón Francisco de Bazán, retratos estos últimos de enanos y bufones de la corte tratados con la gravedad y decoro velazqueños.