Visité Secorún el verano de 2003. Volver a mis orígenes supuso constatar el inexorable paso del tiempo cuando los hombres abandonan los lugares donde antaño trabajaron, soñaron, vieron pasar los días pensando en un futuro inextricable...He aquí la realidad de la ruina, del despojo sistemático y voraz. Mi hermano había estado hacía 20 años y me contó que todavía se adivinaban portalones de piedra de bella factura, elementos arquitectónicos románicos o posteriores como ventanas, etc. Hoy, apenas unas ... (ver texto completo)