Según cuenta Natalio Fernández el 2 de agosto de 1918 a las 3 de la tarde se llegó a los 44 grados y pudo freir un huevo en la acera delante de su casa.
En 1512 hizo un calor descomunal, cuentan los cronistas que las gentes del lugar iban al Guadalquivir a rastras a refrescarse.