El Sr. Alcalde ante tal situación, y como gesto de su magnanimidad, decidió elevar de rango, de personas normales a very important, a todo aquel que aún permanecía, una vez comenzada la actuación y devoradas las viandas, en los aledaños de la puerta. Fui una de las personas invitadas a entrar en ese momento. Invitación que decliné pues no quería contribuir a aplacar el estado de ansiedad que mi Alcalde mostraba y además me consideraba la misma persona antes y después de comenzado el espectáculo, menudo espectáculo, y no encontraba razones suficientes para ser considerado VIP en tan corto espacio de tiempo.