Dicen que iba uno montao en su borrico, tranquilamente, cuando de pronto dice el borrico: "ahora vas a ir andando porque, yo, ya no aguanto más tu peso ceboso". Se baja el tío del jumento y, tras una larga discusión entre ambos, la cosa seguía igual hasta que, casualmente, pasó por allí un vendedor de estos que van de
pueblo en pueblo, vendiendo un poco de todo y, una vez se hubo informado del conflicto pues, se animó a venderle al dueño del animal unas guindillas, de ésas que, sólo con olerlas,
... (ver texto completo)