Pues sí, salaíllo, creo que tienes razón. Había una puerta igual a la que se entra al coro. Una frente a otra.
Yo lo sé porque, pasaba por allí mucho, aunque la verdad sea dicha, no entraba nunca por mos del miedo aunque, después, seguíamos escaleras arriba dirección al campanario.
Y esto es otra historia porque, en mis tiempos de monaguillo, cada media hora subíamos al Campanario a dar los correspondientes toques de campana para avisar de la misa. Un montón de escaleras arriba que, eran todo un reto para quien llegara primero, haciendo trampas como, tirando de los tobillos al que iba delante o, dando empujones y codazos. Recuerdo cómo, al llegar arriba, a la altura del reloj, se estrechaban las escaleras de tal forma, que había que pasar de lado con el culo pegao a la pared. Era agobiante. Y no porque estuviera gordo, ¿en?, que yo también he sido delgado.
Las campanas tenían una cuerda que bajaba desde lo alto, hasta la puerta de entrada. Desde ahí, también se podían tocar pero, tan sólo lo hacíamos, para dar los toques de señal de que se había muerto alguien. Ese día, no había cojones de subir al campanario, tol mundo cagaíto susto. Y, al que el cura mandaba que tocara las campanas, los demás lo encerraban. Acojonantes momentos en los que, soltabas la cuerda y, te liabas a dar golpes en la puerta. Hubo veces en los que, el propio cura, tuvo que ir a abri la puerta de subida al campanario. Cosas de críos (y no tan críos).
Pues como te decía, salaíllo, al Cristo le pusieron papeles de periódico metidos a presión, entre la cruz y el hueco que quedaba donde entraba esta ¿no se iba a volvar la pobre? Pero vaya que, la cruz, no se movía de su sitio. Fue al levantarla de delante cuando, cayó hacia atrás.
Y la adivinanza, es un pozo.
Y, las preguntas que hace el Celti, para otro día que, hoy, no hay más gana.
Y, la carretera sin arreglar y, las lluvias ya mismo llegan, ¡alegría! a ver si se va de una vez la puñetera calor y sacamos las copas de la candela.
Y, el túnel, echando agua. En el fondo, es buena señal. El día que deje de echar, será poque se ha secado el acuífero porque, lo que es sellarlo, no lo van a hacer jamás.
Y, la Villa Romana, sin excavar y, yo que me alegro. Así no la expoliarán jamás.
Y, los niños, paseándose en la refalandeta de la Ermita porque, lo que es en los parques infantiles, se van a quedar con las ganas pues, ni hay toboganes, ni hay parques.
Y, el polígono industrial, mejor será dejarlo para otra oportunidad.
Y, el sillón del Ayto, calentando huevos.
Y,... me voy, hasta mañanantonces.
Buenas noches nos de Dios.
Yo lo sé porque, pasaba por allí mucho, aunque la verdad sea dicha, no entraba nunca por mos del miedo aunque, después, seguíamos escaleras arriba dirección al campanario.
Y esto es otra historia porque, en mis tiempos de monaguillo, cada media hora subíamos al Campanario a dar los correspondientes toques de campana para avisar de la misa. Un montón de escaleras arriba que, eran todo un reto para quien llegara primero, haciendo trampas como, tirando de los tobillos al que iba delante o, dando empujones y codazos. Recuerdo cómo, al llegar arriba, a la altura del reloj, se estrechaban las escaleras de tal forma, que había que pasar de lado con el culo pegao a la pared. Era agobiante. Y no porque estuviera gordo, ¿en?, que yo también he sido delgado.
Las campanas tenían una cuerda que bajaba desde lo alto, hasta la puerta de entrada. Desde ahí, también se podían tocar pero, tan sólo lo hacíamos, para dar los toques de señal de que se había muerto alguien. Ese día, no había cojones de subir al campanario, tol mundo cagaíto susto. Y, al que el cura mandaba que tocara las campanas, los demás lo encerraban. Acojonantes momentos en los que, soltabas la cuerda y, te liabas a dar golpes en la puerta. Hubo veces en los que, el propio cura, tuvo que ir a abri la puerta de subida al campanario. Cosas de críos (y no tan críos).
Pues como te decía, salaíllo, al Cristo le pusieron papeles de periódico metidos a presión, entre la cruz y el hueco que quedaba donde entraba esta ¿no se iba a volvar la pobre? Pero vaya que, la cruz, no se movía de su sitio. Fue al levantarla de delante cuando, cayó hacia atrás.
Y la adivinanza, es un pozo.
Y, las preguntas que hace el Celti, para otro día que, hoy, no hay más gana.
Y, la carretera sin arreglar y, las lluvias ya mismo llegan, ¡alegría! a ver si se va de una vez la puñetera calor y sacamos las copas de la candela.
Y, el túnel, echando agua. En el fondo, es buena señal. El día que deje de echar, será poque se ha secado el acuífero porque, lo que es sellarlo, no lo van a hacer jamás.
Y, la Villa Romana, sin excavar y, yo que me alegro. Así no la expoliarán jamás.
Y, los niños, paseándose en la refalandeta de la Ermita porque, lo que es en los parques infantiles, se van a quedar con las ganas pues, ni hay toboganes, ni hay parques.
Y, el polígono industrial, mejor será dejarlo para otra oportunidad.
Y, el sillón del Ayto, calentando huevos.
Y,... me voy, hasta mañanantonces.
Buenas noches nos de Dios.