Pero saliendo de mi boca, no tiene tanta maldad ni tanta malaleche, como cuando sale de la vuestra. Y, vamos, el que me vea ahora a mí el plumero, es que es tonto de remate porque, vamos, a estas alturas... ¡Ojú, Dios mío! ¡cómo está el patio! Pero, bueno, vamos a ver, ¿es que aquí no hay nadie coherente, por Dios?