Por pedir y auspiciar JUSTICIA PARA EL VALLE no se nos debe considerar gente extraña, ni mucho menos inconformistas radicales. Ni somos ni nos consideramos revolucionarios; tampoco agitadores sociales y tampoco estamos adscritos a movimientos ciudadanos con permanente espíritu de contradicción. Somos, eso sí que lo podemos asegurar, hombres y mujeres de gran dignidad, portadores de una gran estima de nuestro Pueblo y de la Naturaleza que nos rebelamos contra todo aquello que suponga abuso de poder, uso malicioso del derecho, avasallamiento de principios sociales comúnmente aceptados y dueños de un amor propio que nos permite anteponer la ingratitud de luchar contra actuaciones políticas irracionales, en sustitución del silencio resignado al que sucumben quienes careciendo de fuerza interior doblegan sus libertades ante el imparable apisonamiento del poderoso.