En el centro de "el juicio final" de la capilla sixtina se ve a Dios tal como lo imagina Miguel Angel, en toda su terribilità, con el brazo izquierdo a medio bajar después de haber estado apartando o pegando a los pecadores, y el derecho alzado con fuerza y rabia en ademán de estar a punto de dar un puñetazo a alguno de los personajes que lo rodean. Es, si se quiere, un Dios diferenciador y clasista, que parece decir que le sobran las sabandijas, los piltrafas. En un lugar de este pueblo, una persona ... (ver texto completo)
