La noche que se marchó Buenaventura Lugones las campanas de Virimar repicaron a gloria. Seis cohetes tronaron en el paseo a las doce en punto y al momento comenzó el concierto desde el campanario. La gente que ya dormía, alborotada por el jolgorio, se levantó deprisa para ver qué sucedía. Otros que tomaban el fresco sentados a las puertas de su casa, miraron el cielo para ver los resplandores de las llamas y ventearon intentando adivinar por dónde vendría el humo negro del incendio. Todos fueron corriendo hasta la plaza de la iglesia y cuando llegaron, algunos todavía no se habían acabado de atar las cuerdas de las abarcas.
Continuará...
Continuará...