Y las olivas estaban allí, y había gente tozuda, que vivía de ellas y que las cuidaba, las podaba, las abonaba, las Alava, las cavaba, las binaba, las rastraba, las curaba, las despestugaba, las achuponaba, les hacía los suelos, recogía la aceituna, llevaba la aceituna al molino y la molía, la prensaba y hacía el aceite, que luego se vendía y volvía a empezar un año tras otro, y así siempre. Así es nuestro pueblo.
Saludos para Lazarillo.
Saludos para Lazarillo.