TORREBLASCOPEDRO: El camino que me llevó hacia a la verdad es una vereda...

El camino que me llevó hacia a la verdad es una vereda de piedra que se adentra entre los olivos ajados una mañana de febrero. Jugaba yo con mis amigos en las eras del pueblo cuando la pelota de goma se perdió entre los peñones que hay a la vera del cementerio. Corrí a buscarla y la encontré entre las manos fuertes de aquel muchacho de ojos negros y mirada enigmática, que estaba podando los olivos. El hacha apoyada sobre el tronco resplandecía como un rayo de luz robada al sol, y sus labios entreabiertos me ofrecían la pelota con un gesto de ternura incomparable. Llegué hasta aquel hombre y me sentí protegido con su presencia. Al darme la pelota me acarició la cabeza con una delicadeza turbadora y en un instante supe que todo dependía de él. No sé si estuve allí toda la tarde o apenas el momento de recoger lo que me ofrecía y volver a la era para seguir jugando. Es cierto que volví a buscarle una y otra vez para encontrarme conmigo. El deseo de estar a su lado era irreprimible, mi ilusión era ser su amigo para siempre, que me protegiese y me dejase disfrutar de su compañía.
Yo era muy niño, apenas tenía diez años cuando se inician mis mejores imágenes y recuerdos.