SANTO TOME: En una mañana calurosa de verano, a lo lejos, en el...

En una mañana calurosa de verano, a lo lejos, en el cuadrado amarillento que en una pequeña loma describe el rastrojo del trigo segado, como si fuese un dibujo hecho con tiralineas, se divisa la figura de un hombre, embelesado en su tarea, cubierto por un sombrero de paja y como atuendo una camisa clara de manga larga y bien abrochada, y un pantalón oscuro, y calzado con unas albarcas, que dejan parte del pie desprotejido, donde se acumulan arañazos y pequeñas heridas de los pinchazos de las cañas del trigo segado, lleva en la delantera una especie mandil de cuero abierto por el centro y bifurcado sobre el frontal de las piernas, que fijado a la cintura llega hasta debajo de la rodillas, como el que utilizan los vaqueros, en las películas del oese, una hoz perfectamente afilada con la hoja brillante por el trabajo desarrollado, y el puño de madera limpio pero con manchas oscuras del sudor de la mano que se impregnó, tras el gran esfuerzo y tenacidad necesarios, para formar aquel montón de haces perfectamente urdidos y amarrados, de forma que permitan su manipulación en el trajín posterior hasta su destino final.Esta indumentaria conforma una figura peculiar, de aquel hombre de pequeña estatura, pero fuerte como la misma naturaleza en la que se desenvuelve, y le proteje del sol abrasador del estío dentro de un silencio absoluto, donde solo se oye el crujir de las cañas segadas a cada paso de aquella figura y de vez en cuando de forma inesperada salta una perdiz abandonando temporalmente su nido, hasta que pase pase el peligro. Al fondo en el espacio se oye el piar de los pajarillos agrupados en la sombra fresca y acogedora de la alameda, que bañada por un pequeño arroyo muestra a mis ojos multitud de dolores verdes, y empezando a asomar los ocres de otoño lo que dan al paisaje en contraste con la diversidad de colores terrosos, y amarillos de los rastrojos un cuadro precioso que permanecerá en mis retinas por siempre.

Continuará...