Hablando con mi corazón
Tic tac, tic tac, tictic, tac, tictac, tac, tac, tac, tic….
No así no, querido corazón ese no es el ritmo, es el primero tic tac, tic tac, ¡ese es el ritmo! Así debe de latir un corazón siempre. Si lo haces de otra manera, mi hígado trabajará diferente, la digestión no será la correcta, mis pulmones sufrirán y todo mi organismo de alguna manera te hará saber que no funciona como debe. Todo cambiaría, hasta la risa vendría cuando no es el momento, la forma de pensar, todo se reflejaría y el mundo así no funciona. ¡Sí, ya sé que sufres cuando no te dejo latir como tú quisieras!
Pero yo, me debo al exterior, a mi familia, a mis amigos, a mis ocupaciones. Sé que todo se rige por normas, normas no siempre escritas, normas hechas de forma mecánica, sin entender de sentimientos, de necesidades y, así es como se supone que deberíamos seguir, porque de lo contrarío, tendríamos que salir fuera y gritar al mundo que no somos autómatas. Que somos distintos y que queremos ser nosotros mismos, con nuestros defectos y nuestras virtudes, con nuestros impulsos y locuras. Tendríamos que cambiar lo que ya está hecho y, ¡cambiar es tan difícil¡ Con el cambio vendría la renuncia y, ¿cómo renunciar a todo lo que nos invade?
La invasión entró lentamente desde pequeños, como un veneno apoderándose de todos los sentidos hasta llegar a lo más recóndito de nuestro ser. Ya sé que, a veces, cuando estamos solos tú y yo nos dejamos llevar por lo que realmente somos y es entonces cuando más felices nos sentimos. En ese periodo de tiempo tan pequeño, nos damos cuenta que es cuando más unidos estamos y cuando más dispuestos estamos a amarnos y a amar a los demás por lo que son. Estamos más abiertos a aceptarlos a dejarlos sentir lo mismo que nosotros.
He de confesarte corazón que me siento cansada, es muy trabajoso estar fingiendo lo que no soy y me siento perdida. Necesito volver a orientarme, y a ti, supongo que te pasará igual. Por ello quiero ser diferente, voy a dejar que lo que antes era correcto deje de serlo, ¡quiero sentir el aire que para otros es caliente que en mí sea frío! Quiero sentirlo porque eso hace que me sienta viva. Quiero despertar de esa manera, aún a costa, de perder muchas cosas en el camino. Tú, querido corazón, vivirás conmigo pero también morirás conmigo, después de todo tú y yo somos la misma carne. Quizá no podamos caminar al unísono pero lo importante es que siempre latiremos con el mismo ritmo ¡¡¡ El de la Libertad!!!
Una torreña Morena.
Tic tac, tic tac, tictic, tac, tictac, tac, tac, tac, tic….
No así no, querido corazón ese no es el ritmo, es el primero tic tac, tic tac, ¡ese es el ritmo! Así debe de latir un corazón siempre. Si lo haces de otra manera, mi hígado trabajará diferente, la digestión no será la correcta, mis pulmones sufrirán y todo mi organismo de alguna manera te hará saber que no funciona como debe. Todo cambiaría, hasta la risa vendría cuando no es el momento, la forma de pensar, todo se reflejaría y el mundo así no funciona. ¡Sí, ya sé que sufres cuando no te dejo latir como tú quisieras!
Pero yo, me debo al exterior, a mi familia, a mis amigos, a mis ocupaciones. Sé que todo se rige por normas, normas no siempre escritas, normas hechas de forma mecánica, sin entender de sentimientos, de necesidades y, así es como se supone que deberíamos seguir, porque de lo contrarío, tendríamos que salir fuera y gritar al mundo que no somos autómatas. Que somos distintos y que queremos ser nosotros mismos, con nuestros defectos y nuestras virtudes, con nuestros impulsos y locuras. Tendríamos que cambiar lo que ya está hecho y, ¡cambiar es tan difícil¡ Con el cambio vendría la renuncia y, ¿cómo renunciar a todo lo que nos invade?
La invasión entró lentamente desde pequeños, como un veneno apoderándose de todos los sentidos hasta llegar a lo más recóndito de nuestro ser. Ya sé que, a veces, cuando estamos solos tú y yo nos dejamos llevar por lo que realmente somos y es entonces cuando más felices nos sentimos. En ese periodo de tiempo tan pequeño, nos damos cuenta que es cuando más unidos estamos y cuando más dispuestos estamos a amarnos y a amar a los demás por lo que son. Estamos más abiertos a aceptarlos a dejarlos sentir lo mismo que nosotros.
He de confesarte corazón que me siento cansada, es muy trabajoso estar fingiendo lo que no soy y me siento perdida. Necesito volver a orientarme, y a ti, supongo que te pasará igual. Por ello quiero ser diferente, voy a dejar que lo que antes era correcto deje de serlo, ¡quiero sentir el aire que para otros es caliente que en mí sea frío! Quiero sentirlo porque eso hace que me sienta viva. Quiero despertar de esa manera, aún a costa, de perder muchas cosas en el camino. Tú, querido corazón, vivirás conmigo pero también morirás conmigo, después de todo tú y yo somos la misma carne. Quizá no podamos caminar al unísono pero lo importante es que siempre latiremos con el mismo ritmo ¡¡¡ El de la Libertad!!!
Una torreña Morena.