El susodicho tiene todo el derecho del mundo a seguir en el anonimato. Es como en aquel programa de Quien sabe donde, del Paco Lobatón, que se dedicaba a encontrar a gente que no quería ser encontrada y les fastidiaba que lo hicieran, pero si dicen el nombre que lo hagan con gracia sin que ni el ni nadie se molesten que el Carnaval no es mosqueo, es diversión.