Cuando un joven se monta en una furgoneta en el semaforo para hacerse 300, 600, o 1000km para colgarse en un talud o lo que le toque hacer durante toda la semana esperando que llege el viernes para volver a recorrer los cientos de km que le separan del pueblo es normal que si sale lo veas con cara de cansado y con desgana pues sabe que el domingo por la noche le espera la misma historia interminable.