Por fin, doce jueces decentes y justos han rescatado la dignidad de una nacioón arrodillada por sugobierno y buena parte de su clase política ante una banda terrorista. Han puesto las cosas en su sitio llamándolas por su nombre, sin dejarse engañar por esos cantos de sirena humanistas. ZP ha convertido al fiscal general del Estado en abogado defensor de los etarras, pero no ha podido con los jueces, y si el asesino recluto etarra decide llevar su huelga hasta el final no será yo quien lo llore.
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