Hola, me gustaría pronunciarme sobre el asunto de las antenas de telefonía móvil. La verdad es que, pese a los miedos y desconfianza de la población hacia estas antenas, NO EXISTEN riesgos asociados con vivir cerca de las antenas de telefonía móvil, ya que la potencia generada por estas antenas de estaciones base es, con mucho, demasiado baja para producir riesgos para la salud, mientras que la población se mantenga alejada del contacto directo con estas antenas.
Hay algunas circunstancias en las cuales un diseño inapropiado de estas antenas podría hacer que se incumplieran las normas de seguridad. Estas normas de seguridad podrían incumplirse si las antenas se instalaran de tal manera que el público tuviera acceso a zonas situadas a menos de 6 metros de las propias antenas. Esto podría producirse en antenas instaladas en, o cerca de, las azoteas de los edificios.
Incluso a altos niveles de exposición (que no es el caso de nuestro pueblo), no hay una evidencia substancial de que las ondas de radio produzcan o contribuyan al cáncer. No hay pruebas de laboratorio o epidemiológicas que hayan demostrado que las ondas de radio, a los niveles de potencia asociados con exposición pública a antenas de estaciones base de telefonía, estén asociadas con el cáncer.
Por lo tanto, no hay más que ver la situación de las antenas en nuestro pueblo para pensar que el riesgo es evidentemente nulo, siempre que la radiación de potencia de estas antenas se mantenga dentro del margen expuesto en las normativas de seguridad. Aquí sí que se debe tener en cuenta la labor de nuestro Ayuntamiento, el cuál debe velar porque las antenas situadas en los emplazamientos del pueblo cumplan la normativa de seguridad en cuanto a densidad de potencia radiada. Yo, personalmente, no dudo de la labor, en este aspecto, del personal de nuestro Ayuntamiento.
Sin más, me gustaría que estas palabras (sin ahondar en aspectos técnicos) recuperaran parte de la confianza perdida en estas tecnologías (no se nos olvide las numerosas ventajas que nos aporta en cuanto a conectividad pública y laboral en un entorno móvil) y sirvan para calmar ciertas preocupaciones que surgen en nuestros paisanos.
Un saludo a todos los aldeanos y aldeanas, desde Madrid, Alfonso Flores Rubio.
Hay algunas circunstancias en las cuales un diseño inapropiado de estas antenas podría hacer que se incumplieran las normas de seguridad. Estas normas de seguridad podrían incumplirse si las antenas se instalaran de tal manera que el público tuviera acceso a zonas situadas a menos de 6 metros de las propias antenas. Esto podría producirse en antenas instaladas en, o cerca de, las azoteas de los edificios.
Incluso a altos niveles de exposición (que no es el caso de nuestro pueblo), no hay una evidencia substancial de que las ondas de radio produzcan o contribuyan al cáncer. No hay pruebas de laboratorio o epidemiológicas que hayan demostrado que las ondas de radio, a los niveles de potencia asociados con exposición pública a antenas de estaciones base de telefonía, estén asociadas con el cáncer.
Por lo tanto, no hay más que ver la situación de las antenas en nuestro pueblo para pensar que el riesgo es evidentemente nulo, siempre que la radiación de potencia de estas antenas se mantenga dentro del margen expuesto en las normativas de seguridad. Aquí sí que se debe tener en cuenta la labor de nuestro Ayuntamiento, el cuál debe velar porque las antenas situadas en los emplazamientos del pueblo cumplan la normativa de seguridad en cuanto a densidad de potencia radiada. Yo, personalmente, no dudo de la labor, en este aspecto, del personal de nuestro Ayuntamiento.
Sin más, me gustaría que estas palabras (sin ahondar en aspectos técnicos) recuperaran parte de la confianza perdida en estas tecnologías (no se nos olvide las numerosas ventajas que nos aporta en cuanto a conectividad pública y laboral en un entorno móvil) y sirvan para calmar ciertas preocupaciones que surgen en nuestros paisanos.
Un saludo a todos los aldeanos y aldeanas, desde Madrid, Alfonso Flores Rubio.