Aquello era la locura. El volteo de las campanas arreciaba por momentos. Los murciélagos volaban en espirales suicidas y se estrellaban en las paredes. Los gallos cantaron de madrugada, los gatos saltaron las tapias de los corrales y se perdieron entre los cardocucos de la dehesa, los animales de carga estaban tan asustados en las cuadras que muchos rompieron los ramales y se escaparon relinchando por las eras en busca de un poco de sosiego. Las lechuzas volaron entre los olivos, las tórtolas se ... (ver texto completo)