Lo que yo más recuerdo de Don Joaquín es sus clases después de
comer, cuando llegaba un poco bebido de más, se pasaba todo el rato abrazándonos y dándonos besos, y cuando acababa la clase casi no habíamos aprendido nada. Supongo que pasaría con más gente, pero claro, en
Canena somos todos muy hipócritas y falsos.