Hola a todos.
Cigarrito, yo me acuerdo de la calle empedrada y de las aceras también de losas de piedra, donde las chiquillas jugábamos a la rayuela y los chiquillos hacían boquetes de barro, que no sé si tú te acuerdas de esos juegos, A mí la calle me parecía ancha y ahora cuando voy la veo tan estrecha que no me parece la misma, y eso que ahora no tiene aceras. La calle era un hervidero de críos de todas las edades, y de abuelos, en casi todas las casas había un abuelo o una abuela o ambos, que en verano se salían con su silla a la calle a tomar el fresco y a charlar y a reñirle a los zagales. Entonces las casas no estaban tan bien acondicionadas como ahora y se prolongaba la velada lo máximo porque se estaba mejor en la calle que dentro. Pero era una calle viva, llena de gente y de bullicio, ahora pasas y no ves a nadie, pero, bueno así es la vida.
Yo nací y viví en el número treinta y cinco, hacia mitad de la calle, pero la casa la compró otra persona que la unió a la suya y formó una casa más grande. Allí vive una persona que conozco desde que éramos niñas porque éramos vecinas desde que nacimos. Ya te he dado datos suficientes como para que cuando vayas al pueblo puedas descubrir quién soy.
Martinico, yo sí que coincidí en la calle con tus abuela y con tu padre y tus tíos, bueno, tu tía ya no. Vivíamos en la misma acera, yo tres o cuatro casas más arriba que ellos, así que conozco a tu familia. No estoy totalmente segura, pero a lo mejor voy a Huesa al final de las fiestas.
Saludos a todos.
Cigarrito, yo me acuerdo de la calle empedrada y de las aceras también de losas de piedra, donde las chiquillas jugábamos a la rayuela y los chiquillos hacían boquetes de barro, que no sé si tú te acuerdas de esos juegos, A mí la calle me parecía ancha y ahora cuando voy la veo tan estrecha que no me parece la misma, y eso que ahora no tiene aceras. La calle era un hervidero de críos de todas las edades, y de abuelos, en casi todas las casas había un abuelo o una abuela o ambos, que en verano se salían con su silla a la calle a tomar el fresco y a charlar y a reñirle a los zagales. Entonces las casas no estaban tan bien acondicionadas como ahora y se prolongaba la velada lo máximo porque se estaba mejor en la calle que dentro. Pero era una calle viva, llena de gente y de bullicio, ahora pasas y no ves a nadie, pero, bueno así es la vida.
Yo nací y viví en el número treinta y cinco, hacia mitad de la calle, pero la casa la compró otra persona que la unió a la suya y formó una casa más grande. Allí vive una persona que conozco desde que éramos niñas porque éramos vecinas desde que nacimos. Ya te he dado datos suficientes como para que cuando vayas al pueblo puedas descubrir quién soy.
Martinico, yo sí que coincidí en la calle con tus abuela y con tu padre y tus tíos, bueno, tu tía ya no. Vivíamos en la misma acera, yo tres o cuatro casas más arriba que ellos, así que conozco a tu familia. No estoy totalmente segura, pero a lo mejor voy a Huesa al final de las fiestas.
Saludos a todos.