Martinico, pues sí, ya está la semana santa encima. Yo no he estado en Huesa en esas fechas desde que vivía allí, que ya hace mucho tiempo, pero tengo los recuerdos muy a flor de piel. A las procesiones íbamos las chicas para ver a los chicos y al contrario. Los grupitos de amigas cuchicheaban de los muchachos y ellos de las muchachas. Por lo menos yo lo veía así. Será porque mi fervor religioso era nulo o casi. A pesar de los tiempos que corrían a mí nunca me ha atraído el humo de los altares como a don Guido. El ambiente de esos días no me gustaba mucho, me gustaba mucho más la Navidad.
Ahora que de las comidas sí que guardo un buen recuerdo: los roscos de sartén, el arroz con leche y con dulce, los potajes con acelgas y bacalao, el bacalao rebozado con ajo y perejil, etc. Como no se podía comer carne, a menos que pagaras la bula papal que ya te lo permitía, pues el bacalao era el pescado más asequible porque a Huesa, en aquellos tiempos, no llegaba mucho pescado y el que llegaba, llegaba como podía. Así que ya te he resumido un poco cómo vivía yo la semana santa: gastronómicamente bien, pero mucho más indiferente en el tema religioso.
La primavera, ahí sí que tengo recuerdos muy buenos, porque allí sí que se nota. Esas mañanas fresquitas, con ese color especial del sol, esa tranquilidad en el campo, las amapolas (anapoles) cubriéndolo todo y muchas florecillas amarillas. Tengo una anécdota muy curiosa. En el mes de mayo se ponía un altar en la escuela y todas las tardes se rezaba el rosario, así se ocupaba casi toda la tarde. Pues, bien, las crías íbamos a las olivas a buscar flores para el altar y ¿a que no sabes que flores llevábamos? pues adormideras que estaban preciosas. Además de esa utilidad, en todas las casas había un buen manojo de adormideras secas para hacer cocitorios y darles a los críos un jicarazo cuando daban mala noche, ¿qué te parece? De esto hace ya mucho tiempo, pero así era. No sé si aún se sigue haciendo, espero que no.
Las tardes de primavera, con esa intensidad del aire, esa temperatura tan agradable, los juegos en la calle. Todo el mundo estaba en la calle, las casas no eran muy acogedoras que digamos y cuando cogíamos la merienda, pues a la calle a jugar. Saludos
Ahora que de las comidas sí que guardo un buen recuerdo: los roscos de sartén, el arroz con leche y con dulce, los potajes con acelgas y bacalao, el bacalao rebozado con ajo y perejil, etc. Como no se podía comer carne, a menos que pagaras la bula papal que ya te lo permitía, pues el bacalao era el pescado más asequible porque a Huesa, en aquellos tiempos, no llegaba mucho pescado y el que llegaba, llegaba como podía. Así que ya te he resumido un poco cómo vivía yo la semana santa: gastronómicamente bien, pero mucho más indiferente en el tema religioso.
La primavera, ahí sí que tengo recuerdos muy buenos, porque allí sí que se nota. Esas mañanas fresquitas, con ese color especial del sol, esa tranquilidad en el campo, las amapolas (anapoles) cubriéndolo todo y muchas florecillas amarillas. Tengo una anécdota muy curiosa. En el mes de mayo se ponía un altar en la escuela y todas las tardes se rezaba el rosario, así se ocupaba casi toda la tarde. Pues, bien, las crías íbamos a las olivas a buscar flores para el altar y ¿a que no sabes que flores llevábamos? pues adormideras que estaban preciosas. Además de esa utilidad, en todas las casas había un buen manojo de adormideras secas para hacer cocitorios y darles a los críos un jicarazo cuando daban mala noche, ¿qué te parece? De esto hace ya mucho tiempo, pero así era. No sé si aún se sigue haciendo, espero que no.
Las tardes de primavera, con esa intensidad del aire, esa temperatura tan agradable, los juegos en la calle. Todo el mundo estaba en la calle, las casas no eran muy acogedoras que digamos y cuando cogíamos la merienda, pues a la calle a jugar. Saludos