Hola Martinico.
Leo todos tus mensajes y con algunos estoy más de acuerdo que con otros, pero tengo que reconocer que eres el alma del foro y que tus aportaciones son casi siempre interesantes.
Hoy, al leer el que hablas de la Vega de la Higuera, me ha traído a la memoria recuerdos de mi infancia, cuando me iba con mi abuela a un cortijillo muy cerca del río donde pasaban el verano. Yo era muy pequeña, tenía 4 ó 5 años. Recuerdo el olor de las matas de tomates, estrujaba las hojas con los dedos y el olor característico de la planta se me quedaba en las manos. Recuerdo que había que cenar pronto, antes de que se hiciera de noche del todo porque sólo teníamos un candil. Recuerdo que si la noche era buena, dormíamos en la calle con las estrellas como techo y al amanecer, el fresquito de la mañana nos hacía arrebujarnos en la sábana. Cuado mi abuelo subía a Huesa a comprar o a por agua para beber, porque el agua del río era gorda, decían, yo no paraba de darle la tabarra a mi madre, hasta que me dejaba irme con mi abuelo. Me preparaba la ropilla y ya no me separaba de mi abuelo por si se iba sin mí. El único ratito desagradable era cuando las mocicas de los otros cortijos iban a bañarse al río en las siestas, vestidas por supuesto, y me llevaban con ellas y me hacían ahogadillas. Si podía me escapaba, pero si no a tragar agua, ellas se reían.
Tengo muchos recuerdoa de infancia. Parece mentira, pero tengo una buena memoria retropectiva, recuerdo cosas de cuando tenía tres años o menos
Martinico, saludos de una paisana que vive no muy lejos de ti.
Leo todos tus mensajes y con algunos estoy más de acuerdo que con otros, pero tengo que reconocer que eres el alma del foro y que tus aportaciones son casi siempre interesantes.
Hoy, al leer el que hablas de la Vega de la Higuera, me ha traído a la memoria recuerdos de mi infancia, cuando me iba con mi abuela a un cortijillo muy cerca del río donde pasaban el verano. Yo era muy pequeña, tenía 4 ó 5 años. Recuerdo el olor de las matas de tomates, estrujaba las hojas con los dedos y el olor característico de la planta se me quedaba en las manos. Recuerdo que había que cenar pronto, antes de que se hiciera de noche del todo porque sólo teníamos un candil. Recuerdo que si la noche era buena, dormíamos en la calle con las estrellas como techo y al amanecer, el fresquito de la mañana nos hacía arrebujarnos en la sábana. Cuado mi abuelo subía a Huesa a comprar o a por agua para beber, porque el agua del río era gorda, decían, yo no paraba de darle la tabarra a mi madre, hasta que me dejaba irme con mi abuelo. Me preparaba la ropilla y ya no me separaba de mi abuelo por si se iba sin mí. El único ratito desagradable era cuando las mocicas de los otros cortijos iban a bañarse al río en las siestas, vestidas por supuesto, y me llevaban con ellas y me hacían ahogadillas. Si podía me escapaba, pero si no a tragar agua, ellas se reían.
Tengo muchos recuerdoa de infancia. Parece mentira, pero tengo una buena memoria retropectiva, recuerdo cosas de cuando tenía tres años o menos
Martinico, saludos de una paisana que vive no muy lejos de ti.