La pareja contrae matrimonio civil el 9 de marzo de 1937 en Orihuela. Son escasas las personas que asisten a esta ceremonia, celebrada ante Francisco Oltra, alcalde de la ciudad. Carlos Fenoll y Jesús Poveda, antiguos amigos de Miguel, actúan como testigos del enlace. El convite consistió en una comida de arroz y costra, que hizo la madre de Miguel, y se celebró en su casa familiar.
El matrimonio marcha de luna de miel a Jaén, donde Miguel estaba destinado en el Altavoz del Frente. Han de regresar inmediatamente a Cox, puesto que la madre de Josefina se encuentra muy enferma y necesita de sus cuidados. Irremediablemente, su madre muere, y Josefina se ve en la obligación de quedarse a cargo de sus hermanos huérfanos.
El contacto con la naturaleza y con su propia familia inspira al poeta, la proximidad a la sierra de Cox y a su pueblo le impulsan a escribir poesía emotiva. Miguel vuelve a Jaén y desde allí escribe a Josefina contándole sus vivencias y recordándole su viaje. La correspondencia de aquella época puede interpretarse como una provocación a Josefina para que ésta afronte las vicisitudes que se le presentaban.
Tras pasar unos días en Cox con los suyos, el poeta recobra fuerzas para seguir su andadura. En septiembre del 37 viaja a Valencia y junto a otros amigos marcha a Moscú, Leningrado y otras ciudades en las que adquiere ideas renovadoras que podemos percibir en su teatro.
El nacimiento de Manuel Ramón, su primer hijo, el 19 de diciembre de 1937, supone una gran ilusión para la pareja. Esta dicha durará muy poco, porque a los pocos meses el niño muere.
El 4 de enero de 1939 nace su segundo hijo, Manuel Miguel. Con este nacimiento comienza una nueva proyección de esperanza para la nueva vida en común. Josefina debe afrontar esta situación sola, de hecho, Miguel conoce a su hijo cuando éste contaba ya con tres meses de edad. La situación en la que el poeta llega al pueblo es bastante crítica, debe guardar reposo debido a una anemia cerebral aguda. La delicada salud de Miguel, unida a la tensión de la guerra hacen que el poeta escriba a su amigo Cossío desde Cox para pedirle ayuda económica.
Con el fin de la guerra, Josefina se queda sola con su hijo. Miguel es encarcelado. El único contacto entre ambos son unas desgarradoras cartas de Hernández.
El 15 de febrero de 1942 comienzan los trámites para su boda religiosa. La ceremonia se celebró el 4 de marzo, veinticuatro días antes del fallecimiento del poeta. En el “Acta de esponsales” aparece la firma temblorosa del poeta en su lecho de enfermo. La ceremonia fue oficiada por el capellán del Reformatorio de Adultos de Alicante, Salvador Pérez Lledó. Como testigos del enlace, firmaron en el acta matrimonial Fausto Tornero Castillo y Teodomiro López Mena, unos compañeros de la cárcel.
Josefina, movida por su antigua formación religiosa, decide confesarse el día antes de la boda canónica. Acude para ello a la iglesia de San Nicolás y, según ella misma relata, “ya arrodillada en el confesionario, no me decidí a confesarme porque, en la situación en que nos encontrábamos, de tanta injusticia y sufrimientos, lo consideraba más bien pecar. El padre Vendrell, que era el confesor, al rato de estar esperando el “padre me acuso”, me insistió y yo le dije: “Lo único que puedo decirle es que mi marido se me está muriendo en la cárcel y yo estoy sufriendo mucho”. Él me contestó, con tono jesuita: “Hija, la Iglesia no tiene la culpa de eso, la culpa la tienen los hombres”. Yo me marché sin contestarle”.
Josefina, a la muerte de su marido, continúa en Cox junto a su hijo, al que tendrá que sacar adelante ella sola.
En 1950 se traslada a Elche con su hijo de once años. Recién llegada, sufre un primer ataque de glaucoma que le obliga a pasar por el quirófano en 1962. En esos años trabajó duramente, llevándose de Cox a Elche todo el trabajo de costura pendiente y confeccionando también todo lo que las vecinas y amigas de sus hermanas le encargaban.
Amigos de Miguel de Madrid proporcionaron dinero a la viuda, e incluso más tarde un trabajo para su hijo en la capital. Carmen Conde fue una de las personas que más influyó en Josefina para que recogiera en un libro todos los recuerdos sobre Miguel; a la escritora la conoció con motivo de una visita de ésta a Elche para dar una conferencia.
Vicente Aleixandre también jugó un papel fundamental a la hora de reunir y, sobre todo, publicar todo el material del poeta oriolano. Hizo borradores para varias editoriales (Losada, Espasa Calpe...), pero fue finalmente la editorial Aguilar la que publicó en 1952 la “Obra Escogida”, con bastante material inédito. Todo ese original se lo envió Josefina a Vicente Aleixandre, y entre él, Leopoldo de Luis, José Luis Cano y dos mecanógrafas, que sacaron las copias, se lo entregaron a la editorial Aguilar.
La propia Josefina Manresa escribió y publicó en 1976 la enfermedad y muerte de su marido en la revista “Posible”: “Así murió mi marido”.
Bajo el título de “Recuerdos de la viuda de Miguel Hernández” (Ediciones de la Torre, 1980) Josefina recoge parte de su vida y la relación que mantuvo con Miguel, con fragmentos de cartas y fotografías inéditas hasta esa fecha.
contento Martinico?
El matrimonio marcha de luna de miel a Jaén, donde Miguel estaba destinado en el Altavoz del Frente. Han de regresar inmediatamente a Cox, puesto que la madre de Josefina se encuentra muy enferma y necesita de sus cuidados. Irremediablemente, su madre muere, y Josefina se ve en la obligación de quedarse a cargo de sus hermanos huérfanos.
El contacto con la naturaleza y con su propia familia inspira al poeta, la proximidad a la sierra de Cox y a su pueblo le impulsan a escribir poesía emotiva. Miguel vuelve a Jaén y desde allí escribe a Josefina contándole sus vivencias y recordándole su viaje. La correspondencia de aquella época puede interpretarse como una provocación a Josefina para que ésta afronte las vicisitudes que se le presentaban.
Tras pasar unos días en Cox con los suyos, el poeta recobra fuerzas para seguir su andadura. En septiembre del 37 viaja a Valencia y junto a otros amigos marcha a Moscú, Leningrado y otras ciudades en las que adquiere ideas renovadoras que podemos percibir en su teatro.
El nacimiento de Manuel Ramón, su primer hijo, el 19 de diciembre de 1937, supone una gran ilusión para la pareja. Esta dicha durará muy poco, porque a los pocos meses el niño muere.
El 4 de enero de 1939 nace su segundo hijo, Manuel Miguel. Con este nacimiento comienza una nueva proyección de esperanza para la nueva vida en común. Josefina debe afrontar esta situación sola, de hecho, Miguel conoce a su hijo cuando éste contaba ya con tres meses de edad. La situación en la que el poeta llega al pueblo es bastante crítica, debe guardar reposo debido a una anemia cerebral aguda. La delicada salud de Miguel, unida a la tensión de la guerra hacen que el poeta escriba a su amigo Cossío desde Cox para pedirle ayuda económica.
Con el fin de la guerra, Josefina se queda sola con su hijo. Miguel es encarcelado. El único contacto entre ambos son unas desgarradoras cartas de Hernández.
El 15 de febrero de 1942 comienzan los trámites para su boda religiosa. La ceremonia se celebró el 4 de marzo, veinticuatro días antes del fallecimiento del poeta. En el “Acta de esponsales” aparece la firma temblorosa del poeta en su lecho de enfermo. La ceremonia fue oficiada por el capellán del Reformatorio de Adultos de Alicante, Salvador Pérez Lledó. Como testigos del enlace, firmaron en el acta matrimonial Fausto Tornero Castillo y Teodomiro López Mena, unos compañeros de la cárcel.
Josefina, movida por su antigua formación religiosa, decide confesarse el día antes de la boda canónica. Acude para ello a la iglesia de San Nicolás y, según ella misma relata, “ya arrodillada en el confesionario, no me decidí a confesarme porque, en la situación en que nos encontrábamos, de tanta injusticia y sufrimientos, lo consideraba más bien pecar. El padre Vendrell, que era el confesor, al rato de estar esperando el “padre me acuso”, me insistió y yo le dije: “Lo único que puedo decirle es que mi marido se me está muriendo en la cárcel y yo estoy sufriendo mucho”. Él me contestó, con tono jesuita: “Hija, la Iglesia no tiene la culpa de eso, la culpa la tienen los hombres”. Yo me marché sin contestarle”.
Josefina, a la muerte de su marido, continúa en Cox junto a su hijo, al que tendrá que sacar adelante ella sola.
En 1950 se traslada a Elche con su hijo de once años. Recién llegada, sufre un primer ataque de glaucoma que le obliga a pasar por el quirófano en 1962. En esos años trabajó duramente, llevándose de Cox a Elche todo el trabajo de costura pendiente y confeccionando también todo lo que las vecinas y amigas de sus hermanas le encargaban.
Amigos de Miguel de Madrid proporcionaron dinero a la viuda, e incluso más tarde un trabajo para su hijo en la capital. Carmen Conde fue una de las personas que más influyó en Josefina para que recogiera en un libro todos los recuerdos sobre Miguel; a la escritora la conoció con motivo de una visita de ésta a Elche para dar una conferencia.
Vicente Aleixandre también jugó un papel fundamental a la hora de reunir y, sobre todo, publicar todo el material del poeta oriolano. Hizo borradores para varias editoriales (Losada, Espasa Calpe...), pero fue finalmente la editorial Aguilar la que publicó en 1952 la “Obra Escogida”, con bastante material inédito. Todo ese original se lo envió Josefina a Vicente Aleixandre, y entre él, Leopoldo de Luis, José Luis Cano y dos mecanógrafas, que sacaron las copias, se lo entregaron a la editorial Aguilar.
La propia Josefina Manresa escribió y publicó en 1976 la enfermedad y muerte de su marido en la revista “Posible”: “Así murió mi marido”.
Bajo el título de “Recuerdos de la viuda de Miguel Hernández” (Ediciones de la Torre, 1980) Josefina recoge parte de su vida y la relación que mantuvo con Miguel, con fragmentos de cartas y fotografías inéditas hasta esa fecha.
contento Martinico?