Martinico, tengo grabada en la memoria la dichosa tarde del 23F, y la noche siguiente.
Yo vivía entonces en Jaén, en la capital. Volvía del trabajo y traía música puesta en el coche, yo no acostumbraba a poner la radio porque prefería la música para relajarme. Cuando llegué a la puerta de mi casa y estaba aparcando, vi llegar corriendo a una de las chicas con las que compartía piso que se me metió en el coche muy nerviosa y me dijo que pusiera la radio, que había habido un golpe militar y que a ella la habían echado del trabajo y a todos los compañeros. Eso hice y así tuve las primeras noticias.
Después subimos al piso y en poco tiempo nos juntamos todas, a todas las fueron echando del trabajo. Estuvimos pegadas al televisor y a la radio hasta que salió el Rey. A partir de ahí empezamos a tranquilizarnos, pensamos que lo peor ya había pasado. Nos echamos a la calle y no te puedes imaginar la gente que había, parecía que todo Jaén había pensado lo mismo. Ni en las fiestas hay tanta gente. Al día siguiente me fui a trabajar sin haber dormido, pero muy contenta y muy feliz, como la inmensa mayoría de las personas.
Era impresionante ver a los de Fuerza Nueva con sus camisas azules cantando el Caralsol en la puerta de su sede. No sé de dónde sacaron tan pronto las camisas azules y las boinas rojas. La gente les silbaba y ellos amenazaban como energúmenos. A lo largo de la noche se fueron desinflando.
Yo también llamé a mi familia y ellos me informaron del toque de queda y de toda la parafernalia que había aquí, los tanques por las calles, los bandos militares y demás. Estaban muy preocupados, como todos.
Lo primero que pensé fue que la UCD no era lo que yo quería, pero que era tan peligroso lo que podía venir que me parecía música celestial el sonido de esas siglas. Esa noche nos jugamos mucho y el Rey se ganó el puesto y el respeto. Después hemos sabido más cosas, pero ya a toro pasado.
Por suerte, Martinico, podemos contarlo como una anécdota macabra, pero pasada, y espero que para siempre. Otro gallo nos cantaría si hubiera triunfado.
Saludos.
Yo vivía entonces en Jaén, en la capital. Volvía del trabajo y traía música puesta en el coche, yo no acostumbraba a poner la radio porque prefería la música para relajarme. Cuando llegué a la puerta de mi casa y estaba aparcando, vi llegar corriendo a una de las chicas con las que compartía piso que se me metió en el coche muy nerviosa y me dijo que pusiera la radio, que había habido un golpe militar y que a ella la habían echado del trabajo y a todos los compañeros. Eso hice y así tuve las primeras noticias.
Después subimos al piso y en poco tiempo nos juntamos todas, a todas las fueron echando del trabajo. Estuvimos pegadas al televisor y a la radio hasta que salió el Rey. A partir de ahí empezamos a tranquilizarnos, pensamos que lo peor ya había pasado. Nos echamos a la calle y no te puedes imaginar la gente que había, parecía que todo Jaén había pensado lo mismo. Ni en las fiestas hay tanta gente. Al día siguiente me fui a trabajar sin haber dormido, pero muy contenta y muy feliz, como la inmensa mayoría de las personas.
Era impresionante ver a los de Fuerza Nueva con sus camisas azules cantando el Caralsol en la puerta de su sede. No sé de dónde sacaron tan pronto las camisas azules y las boinas rojas. La gente les silbaba y ellos amenazaban como energúmenos. A lo largo de la noche se fueron desinflando.
Yo también llamé a mi familia y ellos me informaron del toque de queda y de toda la parafernalia que había aquí, los tanques por las calles, los bandos militares y demás. Estaban muy preocupados, como todos.
Lo primero que pensé fue que la UCD no era lo que yo quería, pero que era tan peligroso lo que podía venir que me parecía música celestial el sonido de esas siglas. Esa noche nos jugamos mucho y el Rey se ganó el puesto y el respeto. Después hemos sabido más cosas, pero ya a toro pasado.
Por suerte, Martinico, podemos contarlo como una anécdota macabra, pero pasada, y espero que para siempre. Otro gallo nos cantaría si hubiera triunfado.
Saludos.