Hala, ya estoy aquí secándome las manos en el mandil, que acabo de recoger la cocina. No es que yo no sea más limpia que los chorros del oro y recoja mi cocina en su momento, es que la sobremesa se ha alargado mucho, pero ya no entro en la cocina hasta el año que viene.
Martinico, panderetas no rompí, pero algún villancico sí que cayó, que le dimos un repasito al repertorio. Lo peor está cuando ya ni el Almax te funciona, te sale la pava por la nariz y los licorcitos empiezan a reaccionar, químicamente hablando, y mañana será otro día. ¿Cómo te ha ido ti la comida de hoy con tus amigos holandeses? Me he acordado varias veces, espero que haya ido bien.
Exiliado, yo no quería meterme con los villancicos que tú nos escribes, pero ya que los citas, añadiré yo otra estrofa.
Esta noche es Nochebuena
y no es noche de tostones,
que ha parido la estanquera
una espuerta de ratones.
La verdad es que éramos un poco maleducados los niños. Esta mujer, que era una excelente persona, no nos hacía caso, que era lo mejor que podía hacer.
Mi madre ha contado en varias ocasiones que cuando dejó de creer en el mal de ojo, dejaron de hacérnoslo a sus hijos. Al principio ella creía como casi todo el mundo, pero después no sé por qué motivo dejó de creer y ya no nos hicieron nunca más mal de ojo. No creáis que es sólo por allí donde se da el fenómeno porque aquí en Alicante también hay gente que cree en eso, Martinico lo puede decir.
Hasta lueguito.
Martinico, panderetas no rompí, pero algún villancico sí que cayó, que le dimos un repasito al repertorio. Lo peor está cuando ya ni el Almax te funciona, te sale la pava por la nariz y los licorcitos empiezan a reaccionar, químicamente hablando, y mañana será otro día. ¿Cómo te ha ido ti la comida de hoy con tus amigos holandeses? Me he acordado varias veces, espero que haya ido bien.
Exiliado, yo no quería meterme con los villancicos que tú nos escribes, pero ya que los citas, añadiré yo otra estrofa.
Esta noche es Nochebuena
y no es noche de tostones,
que ha parido la estanquera
una espuerta de ratones.
La verdad es que éramos un poco maleducados los niños. Esta mujer, que era una excelente persona, no nos hacía caso, que era lo mejor que podía hacer.
Mi madre ha contado en varias ocasiones que cuando dejó de creer en el mal de ojo, dejaron de hacérnoslo a sus hijos. Al principio ella creía como casi todo el mundo, pero después no sé por qué motivo dejó de creer y ya no nos hicieron nunca más mal de ojo. No creáis que es sólo por allí donde se da el fenómeno porque aquí en Alicante también hay gente que cree en eso, Martinico lo puede decir.
Hasta lueguito.