¡Qué suerte tiene la gente de Bedmar! viven en un
pueblo precioso y para los que vivimos en ciudades grandes, poder estar en contacto contínuo con la
naturaleza es algo que no tiene precio.
Subir a la falda de la Sierrezuela, sentarse en la hierbecilla y contemplar el
paisaje es algo que el espíritu agradece.
Hay un chico
joven que está rehabilitando unas
cuevas, si pasais por allí visitarlas (si está él), lo está haciendo él solito y tiene un mérito.....