Al Cortijero no lo quieren ni en su
casa, le pasa como al Internet Explorer, no le gusta ni a Bill Gates.
La suerte que tiene es que su mujer no entiende las sandeces que escribe.
Valla un tío tonto, absurdo, calamidad y surrealista como su tocayo Dalí
Y el muy anormal se cree que hace gracia.
Y lo más grande, es que lo conoce todo el mundo.
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