Yo recuerdo de esta casa los suelos de barro, la cámara de la cebada, una reja preciosa que daba a la calle, el patio con sus pilas para lavar y su cocinilla y hasta un alambique para la obtención de aguardiente. Pero nada se podía comparar con la bondad, dulzura y cariño a todo el mundo de sus dueños.