Lo que ha hecho bien, que lo dudo, queda muy ensombrecido por todas las barbaridades que ha cometido en el uso y abuso de su puesto de trabajo. La soberbia, la codicia, la incultura (porque es un inculto), la ignorancia, la intransigencia y el afán de protagonismo han sido y son unas constantes en este personajillo, que, no me cabe duda, de que en otros tiempos en que la iglesia tenía poder hubiese sido un Torquemada. Ahora no es, sino un personajillo.